FERNANDO ESPIAU, AUTOR DE LA ISLA HERÏDA

¿Es tu primera novela?
 
Sí. Antes había escrito relatos cortos dentro del Curso de Escritura Creativa de la Universidad Popular de Zaragoza, y participado en la publicación de libros colectivos al final de cada curso.
 
¿Siempre quisiste escribir?
 
En realidad siempre he escrito, tanto en verso como en prosa, aunque nunca hubiera pensado en llegar a publicar. A lo largo de toda mi vida me he sentido muy atraído por la magia de transcribir el pensamiento en caracteres.
 
¿Por qué en el título la palabra “herïda” lleva diéresis?
 
Es un guiño que los lectores entenderán en cuanto comprueben la abundancia de ese signo ortográfico en los nombres que aparecen en la isla, que para empezar se llama Omära: personas, días de la semana, y otros objetos comunes. Es una característica distintiva de la toponimia de la novela.
 
¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?
 
Tuve la idea inicial en 1995 a raíz de los intentos del gobierno francés por seguir realizando pruebas nucleares en el atolón de Mururoa, en el Pacífico. No puedo desvelar la conexión última entre este hecho y el argumento de la novela. El lector lo averiguará en el tercer y último volumen de la trilogía.
 
¿De dónde viene el nombre de la trilogía?
 
El nombre de “La isla de sueños compartidos” proviene de la facultad innata que poseen los habitantes de la isla para compartir sueños con aquellas personas con quienes se sienten más unidos. Esta facultad jugará un papel fundamental en el desarrollo de la trilogía.
 
¿Qué tipo de técnica utilizas para escribir?
 
La isla herïda está escrita en forma de doscientas escenas de un par de páginas. Para escribir, primero me creo un esquema de los personajes, el contenido de cada escena, y la forma en van a sucederse en el tiempo, de manera que los diferentes argumentos se desarrollen de forma armonizada. Cuando tengo unas cuantas escenas definidas, las escribo. Normalmente me cuesta más definir las escenas que escribirlas.
 
 
 
 
 
¿Cómo llegaste a la actual portada?
 
Estuve probando durante algún tiempo con la intención de representar una isla dividida por una barrera, algo de tipo realista, pero no me terminaba de gustar el resultado. Entonces fue cuando decidí recurrir a un ilustrador. Conocía a Jana. Le conté el argumento de la novela y le enseñé bocetos de lo que yo había hecho. Ella captó perfectamente la idea y diseñó una portada en un tono más onírico, que todavía me asombra cada vez que la veo.
 

¿A qué tipo de lectores crees que va dirigida la novela?
 
La idea inicial era escribir un argumento de ciencia ficción, Podríamos decir que la trama parte de una ficción, con la aparición de una barrera inmaterial en mitad de la isla, y a partir de ahí se desarrolla con absoluto realismo y rigor científico.
 
Los comentarios que he obtenido de los lectores me hacen pensar que este libro puede hacer disfrutar a un público muy amplio. De hecho, he recibido felicitaciones de lectores muy heterogéneos, que han encontrado valores diferentes en la novela.
 
¿Qué diferencia encuentras entre escribir relatos cortos, y una novela dentro de una trilogía?
 
Voy a utilizar una analogía culinaria. Los relatos cortos son como comer a base de tapas: pequeñas cantidades de comida muy elaborada y sabrosa, que se comen y se paladean sin esfuerzo. Un cocinero lo hará genial. Sin embargo, a nadie se le ocurre basar su alimentación sólo en tapas.
 
Una novela, y todavía más una trilogía, es como si tuvieras que alimentar a varias personas durante mucho tiempo. Tienes que cubrir sus necesidades nutricionales a largo plazo, introducir variedad para que no resulte monótona y mantener el equilibrio entre los diferentes tipos de alimentos. Todo eso, sin que la comida de cada día deje de resultar sabrosa y atractiva. Necesitas aunar en la misma persona el nutricionista y el cocinero.
 
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